DOCUMENTAL RAWER. REFLEXIONES

Hace poco leí un artículo de Mikel Iturriaga para El Comidista, dónde hablaba del caso de Francis Kenter y su hijo Tom Watkins, y el documental Rawer, acerca de ésta familia crudivegana. Mikel plantea aspectos bastante chocantes (y muy acertados a mi modo de ver):

“¿Por qué el Estado quiere quitarle a su hijo mientras permite que miles de padres alimenten a los suyos a base de comida basura, cuyos efectos perniciosos sobre la salud están de sobra demostrados?”

Pasillos infinitos extra iluminados con luz blanca. Una sintonía repite el mantra corporativo una y otra vez. Miles de estanterías repletas de envases de plásticos. Pedazos de “pseudocarne” se exponen a miles en bandejas de poliestireno, producto tóxico prohibido en varios países. Cada pequeño “pseudo-alimento”, está a su vez sub-envasado con otro plástico, y así hasta el infinito. Sucedáneos de alimentos tratados en laboratorio con conservantes, extractos químicos, colorantes, aditivos alimentarios tóxicos en muchos casos.

No se trata de un establecimiento en particular, es el modelo en general. No se trata de acusar a nadie, se trata de adoptar una consciencia global. Hay que ser conscientes. Poner los pies en la tierra, abrir los ojos. Lo que compramos en las “grandes superficies” no es comida. Es un subproducto derivado del maltrato animal, antibióticos, piensos químicos, de los cultivos extensivos, de la explotación, de las fabricas de plástico. Una bomba de contaminación y una falta de respeto a todos los niveles.

Es un sistema sucio, que no respeta los equilibrios básicos de la vida. ¿Que estamos haciendo con nuestra madre naturaleza? ¿Qué estamos haciendo con los pobres animales, nuestros compañeros de existencia?

Todos los seres vivos, animales, plantas, conformamos una red plural y compleja. Un mundo dónde la disparidad y la diversificación conviven en mágico equilibrio. La vida en la tierra es así, una red de proporciones perfectas, y nos guste o no, nosotros formamos parte de ella. Nuestra salud y bienestar, y con ello me refiero a la salud y bienestar de toda la red de seres vivos que habitamos este planeta, depende de este equilibrio.

La naturaleza es una ejemplo de diversidad y armonía. Nosotros somos hijos de esa misma naturaleza. ¿Para qué nos obcecamos en actuar de forma contraria, errónea, antinatural?

Los fanatismos, los extremos, las verdades únicas … no son para mi. Creo que el equilibrio es inevitable para que la vida prospere. Variedad y proporción. Pero admito que no me sorprende, ni me parece nada extraño que surjan tendencias extremas, teniendo en cuenta el modelo de industria alimentaria que impera en el mundo moderno.
Es vergonzoso.

 

El artículo de El Comidista que inspiró éstas humildes reflexiones: “El niño que sólo come frutas y verduras crudas”.